e cuenta que el
lobo y el zorro merodeaban por los
alrededores de una casa con el torcido
propósito de robar comida. La ocasión
se les presentó propicia por una
particular circunstancia. En la casa
albergaban a unos cuantos peones de
trilla que, con su presencia,
multiplicaban el ruido normal de los
habituales moradores. Ello hacía que
pudieran aproximarse, más fácilmente, a
la casa sin ser notada su presencia.
El lobo se
decidió a entrar en la casa para ver si
encontraba algo de comer. El zorro, que
por algo tiene la vista más larga,
observó en una ventana una caldera de
"aia"(1). Le faltó tiempo para
encaramarse a la ventana y comer
"aia" hasta hartarse.
Mientras
tanto, los trilladores, que habían
sorprendido al desdichado lobo, lo
ahuyentaron después de romperle las
costillas a palos. Alertado por los
aullidos del lobo, el zorro emprendió
una veloz carrera llevándose en la testa
el blanco rastro del aia. Por fin, el
lobo y el zorro coincidieron en una
encrucijada.
El lobo,
con quejidos lastimeros, lamentaba sus
costillas maltrechas y rogaba, por Dios,
al zorro que le permitiese cabalgar sobre
sus hombros.
El zorro,
por su parte, presentando su cabeza
blanqueada, trataba de convencer al lobo
que tenía asomando los sesos y que, por
tanto, él era el más necesitado de
cabalgadura.
Estaban
enfrascados en esta disputa, cuando
apareció un hombre al que consultaron su
problema. La consulta se ceñía a
decidir cuál de los accidentes era más
grave: la rotura de las costillas o el
saltarle a uno los sesos. Aquel hombre
sentenció que las costillas ya se suelen
recomponer, pero que él no conocía a
ninguno que se hubiera curado después de
saltarle los sesos.
El
desvergonzado zorro, tan pronto como oyó
la sentencia favorable a su causa, saltó
sobre el lobo explotando su simulada
gravedad mientras cantaba triunfante:
«zorro tomoletero, sobre el lobo
caballero».
El
desgraciado lobo, mientras tanto, se
arrastraba caminando comido por la rabia.
Cuando el zorro se vio delante de su
madriguera, se metió de un salto en
ella, pero el lobo le sujetó por el rabo
y le frenaba sin permitirle dar un paso
adelante. Entonces el zorro le explicaba
a gritos: -Te has creído que agarrabas a
mi rabo pero lo que muerdes es una raíz
de argoma.
El lobo dio
crédito a la explicación del zorro y
soltó el rabo del zorro al mismo tiempo
que mordía la raíz de argoma. El zorro
profundizando libremente en su guarida,
gritaba al lobo humillado:
-¡¡ Ahora
sí que muerdes argoma y no antes !!.
* * *
1.- Aia:
una especie de masa que se elabora con
leche caliente y harina de trigo.